viernes, 8 de agosto de 2008

Fantasmas

Existen hoy en día muchos tipos de fantasmas: Tenemos sábanas fantasmas (como la de Cloe) para que los bebés duerman en sus camitas sin moverse un pelo; goles fantasmas, como el que le marcó el Barça al Chivas la madrugada del lunes (y que no subió al marcador); y luego están los fantasmas de las pelis de terror. Yo no soy muy aficionada al género pero recientemente he visto un film... cuando menos sangriento: "Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet".
Sólo la alquilé por el morbo de ver a Johnny Deep cantando ¡y el caso es que el chico no lo hace mal!; pese a no soportar el miedo ni la sangre, y no gustarme los muscicales (sólo "Moulin Rouge"... y puede que vea "¡Mamma mía!", pero porque sale Colin Firth!!), tenía que verla. A pesar de las malas, aunque también poco fiables, críticas que había oído a mí me pareció entretenida. Algunos seguidores de Tim Burton se vieron decepcionados (¿acaso querían ver más sangre?) pero para mi escasa experiencia en este tipo de cine, me pareció más que suficiente. A aquellos que critican su banda sonora les diré que yo la juzgué aceptable (no me mojaré en este tema porque no tengo oído musical, ni experiencia en musicales) pero sí es verdad que tener que leer tanto se hace cansino.
Llegados a este punto aún no os he contado el argumento: Un barbero vive en Londres (¡esa gran ciudad!) con su mujer y su hija, pero su apacible existencia se verá enturbiada por la ambición de un hombre poderoso que se enamora de su mujer. El pobre barbero acaba encarcelado y abandonado a su suerte, la mujer se envenena y la pequeña queda a cargo del hombre que desencadenó su desgracia. Tras muchos años de odisea marítima el barbero regresa a Londres con algún que otro desarreglo psicológico pero con muchas ganas de venganza: Se dedica a "afeitar" (muy apuradamente, eso sí) a todo el que llega hasta su comercio y los convierte en carne para los pasteles de su socia. Asqueroso, lo sé. Todo ello con el objetivo de que el hombre al que busca caiga en sus manos y de paso darle su merecido a la decadente sociedad londinense.
El final no os lo contaré pero la última escena ha sido laureada por mi amiga gótica (besitos Marta!!).
En términos generales la peli no vale demasiado, te ríes en algún momento pero yo sinceramente estaba demasiado ocupada en taparme los ojos para disfrutar de estos escasos lapsus de gracia: si al ya de por sí loco Johnny Deep le pones en la mano unas preciosas navajas de barbero... ¡se masca la tragedia!
Sí queréis verla tampoco os matará, pero os quitará el hambre y las ganas de afeitaros!!

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