Tras arduos comederos de cabeza, he llegado a una conclusión que, probablemente no agrade a nadie. Dicha conclusión es la siguiente: Dios no creó al hombre, el hombre creó a Dios.
Se que esto parece absurdo e incluso podéis decir que es irrisorio, pero, en mi opinión es la pura verdad.
La ciencia ha demostrado en incontables situaciones que gran parte de los "misterios" que consideramos propios de la religión no son tales, y que pueden ser desenmascarados con más o menos facilidad por distintas teorías científicas. Si aceptamos entonces que Dios, desde el punto de vista práctico no existe ya que no influye en nada: en la creación del hombre, en el orden cósmico, en el movimiento planetario... ¿por qué seguimos creyendo en la existencia de Dios?
La respuesta es la siguiente: ser ateo es lo más difícil, creer (ya sea en Dios o en el karma) es la opción fácil.
Psicológicamente hablando cuando "creamos" un Dios nos liberamos de una carga emocional grandísima, ya que es este quién, en última instancia tiene el poder decisivo sobre todos los acontecimientos.
Para el ateo no existe la posibilidad de liberarse de sus problemas, cosa que si hace el creyente.
Cuando te ves agobiado y recurres a la oración para pedir protección resuelves un conflicto interior que el ateo debe llevar consigo.
Si el motivo de tus preocupaciones sale mal, el creyente pensará que él ha hecho todo lo humanamente posible y el desarrollo de los hechos ha sido decisión divina; en cambio el ateo no tiene ese "comodín" con el que decir: "todo es culpa de Dios", solo puede asumir su humana derrota y sentirse un poquito más culpable por no haber resuelto sus problemas.
En definitiva, el hombre creó a Dios como cabeza de turco, para poder "echarle la culpa a otro" en caso de que algo salga mal.
Siento haberme puesto tan filosófica, pero a veces está bien darle vueltas al coco. Para aligerar la tensión emocional del ambiente... ¡un chiste!
El nuevo padre de una parroquia estaba tan nervioso en su primer sermón que casi no pudo hablar. Antes de su segundo sermón le preguntó al monseñor cómo podría hacer para relajarse y éste le contestó que la próxima vez que se subiera al púlpito pusiera un poco de vodka en el agua, y que después de unos sorbos todo saldría más relajado. Al siguiente domingo puso el consejo en práctica y sintió que podía hablar incluso en medio de una tormenta, se sintió de maravilla. Después de regresar a la Rectoría de la parroquia encontró una nota del monseñor que decía: "Querido padre: Me alegra ver que ha perdido usted la vergüenza de la primera vez y que sigue usted mis consejos, pero tengo unas observaciones que hacer respecto a su misa de mañana:
1.- La próxima vez tome sorbos en lugar de tragos.
2.- No ponga limón y hielos en el copón.
3.- El misal no es un portavasos.
4.- El manto de la imagen de N.S.J. no debe ser usado como servilleta.
5.- Existen 10 mandamientos no 12.
6.- Existen 12 discípulos, no 10.
7.- No nos referimos a la cruz como aquella T grandota.
8.- No nos referimos a nuestro Salvador Jesucristo y sus apóstoles como Chus y sus colegas.
9.- David derrotó a Goliat con una honda y una piedra, nunca le voló el culo con dinamita.
10.- No nos referimos a Judas como ese cabrón.
11.- El Papa es sagrado, no castrado y no nos referimos a él como "El padrino".
12.- El padre, Hijo y el Espíritu Santo no son el papi, el junior y el aparecido.
13.- Judas vendió a Jesús en el Sanedrín, no en el Palacio de Hierro y fue por 30 monedas de oro y no por mil pesos.
14.- Y por último... el Faraón mandó a los judíos al desierto y no al carajo.
































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